La Antigua del Águila: un viaje en el tiempo
La apasionante historia de una de las farmacias más longevas, fundada en 1895 y atendida por la misma familia desde 1914.
Lo antiguo convive, inevitablemente, con el último grito del mercado farmacéutico. La Antigua Farmacia del Águila, situada en el corazón del barrio porteño de Villa Crespo y fundada a fines del siglo XIX, conserva aún la fachada original y la inscripción del nombre en oro a la hoja sobre una de sus puertas. Las vitrinas parecen salidas de un museo: frascos originales de remedios que llevan tiempo fuera del mercado, morteros, balanzas, viejos estetoscopios y probetas de la década de 1940. “Prohibido escupir en el suelo”, advierte el cartel de una ordenanza municipal fechada en abril de 1902.
El 14 de junio de 1895 Pedro Triziano, italiano destacado por su patriotismo, fundaba la Botica del Águila. En 1914 esta fue comprada por Juan Manuel Domínguez, antiguo vecino del barrio. En el boleto de venta constaba que el traspaso incluía “la fama y la clientela” del local. Años más tarde, cuando Triziano regresó de un épico viaje por su tierra natal, estableció una farmacia a pocas cuadras de la que le había pertenecido, y se terminó transformando en la competencia.
La antigua farmacia se consolidó, en 1973, como set de filmación de las escenas de botica -centro de reunión y conspiración durante la década del 30- en la adaptación al cine del clásico de Roberto Arlt "Los siete locos", dirigida por Leopoldo Torre Nilson. La película fue protagonizada por Alfredo Alcón en la piel de Erdosain, por Osvaldo Terranova como el farmacéutico, y tuvo a Norma Aleandro en el rol de su esposa. Hoy en día, imágenes del rodaje que buscó reflejar el esplendor de una Buenos Aires bien porteña adornan el interior del lugar.
Fue vasta y compleja la historia que vivió la farmacia, que se encuentra sobre la actual avenida Corrientes al 5000, justo en el cruce con Julián Álvarez. Su vidriera llama la atención de los transeúntes porque parece salida de otro tiempo. En ella conviven clásicos frascos marrones o azules y recuerdos familiares: la chapa con el número de patente de uno de los primeros autos de Juan Manuel Domínguez, fechada en 1931; la primera raqueta de Arturo Norberto Domínguez, su nieto y actual dueño; y una copa de un torneo de fútbol de 1925, entre otras reliquias.
Por dentro, el negocio conserva antiguos muebles de madera maciza que le dan un aire de solemnidad. Las baldosas datan de 1914, año en que la familia compró el comercio. Por momentos los productos en venta desentonan con el ambiente. En una vitrina especial descansa el primer libro recetario, donde consta la fecha de fundación. Una enorme balanza de principios del siglo XX se impone como ornamento aunque, a la vez, funciona a la perfección. Los clientes habituales entran a saludar, a pesarse o a comprar algo.
Una fotografía en blanco y negro de Juan Manuel Domínguez con un gran marco dorado se eleva en el centro, detrás del mostrador. Arturo Domínguez, su hijo, y Hydée Ibarboure, su nuera, farmacéutica y de ascendencia vasco-francesa, fueron los primeros encargados de seguir con el legado. Cuentan que Arturo tenía un gusto especial por narrar la historia de la farmacia, pasión que transmitió a su hijo Arturo Norberto Domínguez, quien se encuentra al frente del local. Médico de profesión y apasionado por las historias de negocios antiguos, recorrió el barrio, tomó fotografías, investigó y elaboró una guía con lugares para conocer, entre ellos la casa familiar de Osvaldo Pugliese, el café La Pura, donde Celedonio Flores compuso el tango "Mano a mano", y el famoso conventillo de La paloma.




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